sábado, 14 de marzo de 2015

MI SOLEDAD

Mi soledad es un galgo
Que corre por desfiladeros de manzanas
Que juega a matar con hombres color amatista
Y que esculpe fuego en mármol de Carrara.

Mi soledad es un ventrílocuo
Que habla en idiomas extintos con Faraones
Que sueña con gordos curas decapitados
Y que persigue pequeñas hormigas con forma de grito.

Mi soledad es La Oscura
Que pide pan a moribundos borrachos
Que acaricia sus pechos manchados de cloro
Y que reta a Sócrates a un duelo con perfume olor azufre.

sábado, 7 de marzo de 2015

POEMARIO

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miércoles, 4 de marzo de 2015

LAS RATAS MENSAJERAS [Y POR LO TANTO OBSERVADORAS] CON OJOS ROJOS Y EL KELLIOAK

Las dos humildes ratas con ojos colorados, eran simples mensajeras –aunque el sombrero de policía de una de ellas resultase cómico. Cuando analizaban a la gente que no los miraban, sentía como una gota al caer al suelo expandíase hasta quedar completamente exhausta. No eran las gafas que llevaba el señor de sujetador de batuta grandes, sino más bien las filas, que, pensándolo mejor, sólo servían para separar lo que una vez alguien inventó, digámoslo, por casualidad.
Las ratas, con ojos rojos, siguieron su camino de mensajeras, y por lo tanto, observadoras. El astro desde que un ser llamado Kellioak les miraba, sólo era preludio de lo que tras estirar el largo pelo de una dulce infanta quedaba. Los labios de color rojo sangre del Kellioak no les resultaban cómodo, ni que hablar de familiar, a ninguna de los ojos rojos. Entonces, simplemente escuchan.
Al no entender el sencillo paso de abrazar que el Kellioak intentó, el astro quedó para el recuerdo de lo que una vez dos ratas mensajeras y por lo tanto observadoras, con ojos rojos  soñaron. Era tan simple como abandonar el sentido de ese camino, tomando, cómo no, el más sencillo.
¿Por qué humilde sencillez?
Tomad, compatriotas, bebed de su manantial,
es sólo el inicio.



DESDE LA BIBLIOTECA

Desde la biblioteca
En mi asiento de tapiz sangriento
no más cómodo que el suelo
observo y callo.
Miro como los años son presentes abajo
y arriba la necesidad es imperante.
Por la ventana, un dragón
actualmente piedra, por lo menos parte de él.
Cola de vómito póstumo
y en su vientre felicidad contrastada con años.


TEMPLO KHUTHULU

Imperantes aplastadores de sueños
un siniestro ente los guía
por un desagradable pasillo
un tanto frío para ser agosto.
El niño, que una vez fue soñador de vivir
ahora es soñador de soñar,
convencido, por otra parte, de la razón que guía Lucifer.
Él no conoce el sitio
porque a pesar de vivir allí
es desagradable la sensación de recordarlo una vez fumigado.
Por eso, olvida.


viernes, 6 de febrero de 2015

EL HUERTO

Una vez, cuando mis paseos matinales se alargaban hasta el crepúsculo, descubrí un huerto. Aquel huerto, carecía de sosiego, incluso parecía que las almas errantes de varios titiriteros turcos habían pasado por allí. Me pasaba horas y horas mirándolo, incluso llegué a sentir el vacío que todo huerto rinde a su amo. Un buen día, me acerqué lo suficiente para observar el color caoba de los frutos que nunca daba. Era el huerto de la nostalgia. Muchos dijeron posteriormente que ese huerto pertenecía a la diosa melancolía.
Sabía muy bien que nunca volvería por allí. El huerto dejó en mí un resquemor de tristeza que sólo con la ninfa verde podría olvidar. También es cierto que muchas noches después de conocer el secreto del huerto, aún lloraba recordando el sinfín de miedos que bajo esas polvorientas tierras se escondían. Era un sótano escondido a nuestros ojos. Era una galería de sueños y miedos que todo huerto necesita.
Poca gente acudió a su funeral. Incluso él mismo llegó tarde. Sabía, por fin, que el huerto estaba cabalgando sobre piezas imperfectas de puzzles de eternidad. Por eso, la gente abucheó a la parca cuando por un error de agendas, apareció por allí. Era por fin su hora.

jueves, 5 de febrero de 2015

AMARRADO

Yo me movía sin cuidado, aunque por fuera pareciese que estaba maniatado. Una mujer, de aspecto fúnebre, se acercó a mí con la única intención de soltar las cuerdas que mi cuerpo agarraban. Rehuí, puesto que recordé aquel gusano azul que una vez él mismo rodeó su cuerpo con unos hilos amarillentos. Seguidamente, me vino a la mente que un día se convirtió en mariposa, logrando desatar los hilos él solo.
 Disfruté, por un momento, del sollozo de aquel niño que su pelota había perdido. Cuando menos me lo esperaba –qué suerte la mía- vi acercarse a un matrimonio de cuchillos que gentilmente sus servicios prestaron. Entonces comprendí lo que el trilero de la cantina me había augurado. Comprendí, también, como si aquella fúnebre mujer me hubiese ayudado, ahora mismo no tendría como amigos a una hermosa pareja de cuchillos.
Entonces, continué mi camino, no sin antes ayudar al niño a bajar la pelota del árbol.